El superpoder de los valores

 

Si esta pandemia nos está enseñando algo es que tenemos que ser valientes y enfrentarnos a nuestros miedos, con cautela, pero también con decisión, para superar esta situación tan adversa e incierta. Quedarnos parados no es una opción.

 
Es el momento de buscar en nuestro ADN, de hacer introspección y descubrir lo que realmente nos hace auténticos. Puede que a esto ya se le llamara “valor diferencial” o “valor añadido” pero lo que realmente hay que buscar es nuestro “valor verdadero”.

 
Yo estuve, como tantas otras, enamorada de Superman. Ese morenazo repeinado con ojos azules e infrarrojos y traje “marcón” que le permitía volar y salvar al mundo de los malos. Hasta que me di cuenta de que sin su kryptonita no era nadie y empecé a interesarme más por el reportero sin ínfulas, algo torpe, con gafas y algún tic, que había detrás de él, el auténtico superhéroe.
Porque el verdadero valor de Superman no era que pudiera volar o enfriar el planeta con su aliento (qué bien nos vendría ahora, dicho sea de paso), sino la humildad. Un valor que le permitía poner sus habilidades al servicio de las causas sociales.

 
Y eso es precisamente lo que necesitan comunicar las empresas en estos momentos, su valor verdadero. Descubrir el Clark Ken que llevan dentro para encontrar en él su fuerza para salvar al mundo de los villanos. Podría parecer un contrasentido poner en valor la verdad o la humildad en la era de las redes sociales, dónde se abusa sin autocontrol del postureo, del autobombo e incluso de la falsa humildad. Al contrario, explicar el valor verdadero de las marcas es hoy una necesidad.

 
Un valor verdadero que los consumidores perciben y aprecian cuando es auténtico, real, cuando sale de dentro. Pero que desprecian profundamente cuando se utiliza para maquillar imperfecciones o esconder defectos, sin que detrás haya nada más que lo de siempre o, simplemente, nada. Es precisamente esa verdad de la marca la diferencia entre el amor y el odio a la misma.

 
En un mundo donde la información y la desinformación se mezclan a partes iguales es fundamental explicar el valor verdadero de nuestras marcas: quién hay detrás, sus orígenes y su verdadera historia, en qué cree la marca, qué gustos tiene, cómo se divierte y cómo se aburre, con quién… Es la verdadera personalidad de la marca la que transmite emociones y conecta o no con el público. Lo que decimos que somos no es creíble si no se percibe como real. Dicho de otro modo, la transparencia es un valor en alza que aporta verdad y autenticidad a las marcas.

 
Porque Superman al fin y al cabo era humo, una creación kryptoniana sin alma si no fuera por su verdadero yo, Clark Ken, un superreportero muy real.

 

Sílvia Rodríguez
Responsable de dirección estratégica
LaChincheta Comunicación