a cargo de Laura Escamilla, abogada del Gremi de Publicitat, Comunicació i Màrqueting

Los menores son la audiencia más conectada de la historia, y también la más vulnerable. TikTok, YouTube, videojuegos, streams e influencers han convertido la publicidad en entretenimiento y el entretenimiento en publicidad. Y ahí es donde el riesgo se dispara.

Como profesionales de la comunicación, sabemos jugar con formatos, ritmos y códigos. Pero hoy, el reto ya no es solo captar la atención: es hacerlo respetando el marco legal y su protección como consumidores.

Las normas son claras:

  1. Identificar si estamos ante un mensaje publicitario o no.
  2. No ejercer presión emocional ni incentivar conductas de riesgo.
  3. No utilizar imagen ni datos de menores sin consentimiento adulto.
  4. Prestar especial atención cuando la audiencia de un influencer es mayoritariamente infantil.

La responsabilidad es compartida: marca, agencia y creador. Ninguno de los tres puede mirar hacia otro lado cuando el mensaje impacta en niños y adolescentes. Y no hablamos solo de sanciones económicas. Hablamos de pérdida de reputación y, por tanto, de crisis dentro de la propia organización.

Por eso, hoy más que nunca, blindarse jurídicamente forma parte del proceso creativo: protocolos internos, contratos bien definidos, filtros legales previos y profesionales informados de la normativa vigente. Hacerlo bien no es un trámite; es un compromiso con las familias y con la sociedad.

La verdadera pregunta no es hasta dónde podemos estirar la creatividad, sino cómo la ponemos al servicio de los valores.

Cuando los menores son el público, publicitar no es solo persuadir; es educar, proteger y actuar con responsabilidad.

Creatividad y ética no son incompatibles.
Son, precisamente, lo que hará que nuestra publicidad siga siendo relevante y digna.

 

Laura Escamilla

Abogada. Especialista en Derecho Empresarial, Consultora, Abogada en ejercicio i reestructuradora concursal.